martes, 2 de junio de 2015

La Gorda Satisfecha

No hará mucho más de un año que la había visto por última vez. Recuerdo que, después de divorciarse, salió de viaje, y hasta ahora. Entonces era normal. (Ya estamos. ¿Qué es normal? ¿Qué peso es el normal?) Anoche estaba sencillamente gorda como un sollo. Guapa, pero gordísima; bien vestida, pero tremenda, ¿qué le vamos a hacer? No cabía silenciarlo, ni hacerse el distraído.[...]
-¿Qué te ha pasado, hija? ¿Es que has estado enferma?
-Sí, señor: he estado enferma -me contestó-.
Y me alegro de que me lo preguntes. He estado enferma, pero antes de que dejáramos de vernos. Mi marido acabó con mi salud. Me convenció de que, si no fortalecía mi voluntad venciendo mis impulsos más naturales, como el que se llama instinto de conservación que se ejerce comiendo, era una despreciable sabandija. La virtud, según él, consistía en estar como un huso y pasar hambre. Alardeaba de mi delgadez como si fuese una conquista suya. «Esta semana ha perdido dos kilos. No me come nada», decía complacido, y me exhibía como si fuese el saldo positivo de una cuenta corriente. Yo, tonta, tragando quina: lo único que tragaba. No me daba cuenta de que esa faramalla asesina es cosa de la publicidad, de los medios y de los cochinos hombres, de algunos , que se han inventado una mujer juvenil y casi transparente, que no existe más que en su cabeza y en las profesionales de la hambruna.
[...]
La que no sepa ser gorda, que adelgace; yo ya, no. Mi cuerpo es mío, y lo administro "io". No me importa la opinión de los vecinos; y, si a ti te parezco fea, no mires de este lado, y santas pascuas. Hasta la coronilla estoy de las anorexias y de las bulimias; de que nos vuelvan locas para que seamos como no somos; de que nos acomplejen con culpabilidades y fracasos por el grave delito de sobrepasar los cincuenta y dos kilos; de que se deperdicie tanta inteligencia y tanto vigor y tanta viveza femeninos, Jesús, y tanto esfuerzo y tanto poder de concentración, en la idiotez de quedarse como un palo. Es como si las mujeres no estuviéramos en este mundo más que para estar secas, y no para realizarnos, lo mismo que tú y que éste y que el de más allá... Ya, ya sé lo que vas a decirme: que muchas se realizan precisamente adelgazando, y que se pasarán por la entrepierna -ellas, tan ágiles- todo lo que yo digo, porque pensarán: «Mira quién habla, esa ballena. Lo que hace es defenderse y procurar que todas acabemos como ella, qué asco.» Pues me importan un rábano. Yo digo lo que siento, y además soy feliz estando igual que una elefanta. No rellenita, no: igual que una elefanta.
Y la risa se le desbordaba obeso cuerpo abajo.




Antonio Gala -Extracto de uno de los relatos de Los Invitados al Jardín, Antonio Gala. Imagen de Duane Bryers




Y es por cosas así que Antonio Gala me parece tan genial.

2 comentarios:

  1. Solo él podría haber escrito algo tan sublime. Yo soy de las gordas satisfechas. Mi pareja dice que no estoy gorda, sino que es el cuerpo de alguien que ha parido dos veces, con sus curvas. Y, nunca me he sentido tan orgullosa de mi cuerpo. Todos deberíamos ser como la Gorda Satisfecha.

    ¡Te sigo!

    Besos de tinta

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  2. Me ha encantado. Yo soy gordita y nunca he tenido problemas ni con chicos ni nada.

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