miércoles, 15 de mayo de 2013

El Amor en la Consulta de la Dra. Green



-Imagina que tu vida es un hospital.
-¿Qué dices? ¿Cómo va a ser mi vida un hospital?
-Calla y escúchame, verás como me entenderás.
-Vale, vale usted manda, como se nota que no se le puede llevar la contraria a un "loquero".

Grace hace una mueca de desaprobación, no le gusta que la gente emplee ese término con las personas que se dedican a tratar las dolencias de la mente humana; es despectivo, pero hace como si nada pasara y prosigue con su explicación:

-Imagina que tu vida es un hospital. Pongamos que las plantas son los ámbitos de tu vida, y en cada una de ellas se encuentran determinados pacientes, que serían tus problemas.
Después están los médicos y enfermeros, que son las formas que tú tienes de solucionar tus problemas, ya sea con medicamentos, con un cambio de pensamiento o con lo que sea.

-Vale- responde Miss Dependent sin saber muy bien a dónde quiere llegar la Dra. Green.

-Hasta ahí todo claro, pero tenemos que pensar en lo más importante en un hospital y en cualquier edificio: los cimientos.
Yo no puedo hacer los cimientos de un material inestable, no puedo construir "mi hospital" sobre un material que sea sensible a cualquier cosa, tiene que ser firme y estable ¿No?

-Claro, responde Miss Dependent ya cansada de las metáforas aparentemente absurdas y obvias de Grace.

-Muy bien, y si esto lo tenemos tan claro y es tan obvio ¿Porqué "cimentamos" nuestra vida en otra
persona? A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas que creían que tenían "muchas plantas" en su vida , con más o menos "pacientes" en ella, pero que realmente, cuando "la persona" que había en su vida (normalmente algún tipo de pareja o compañero/a sentimental), se iba, los "cimientos" se su hospital, caían, y todo se quedaba en ruinas y desolación, se convertían en niños pequeños que tan sólo sabían llorar al lado del edificio derrumbado esperando a que sus lágrimas tuvieran algún tipo de poder mágico que hiciera volver a la persona que se fue y reconstruir su "hospital", sin darse cuenta de que, si no sabían apoyar su hospital en sí mismos, estarían sufriendo ese derrumbe en su vida constantemente.

Miss Dependent miró a Grace de forma resabiada, por muy psicóloga que fuese, la Dra. Green tenía los 30 recién cumplidos y no sabía bien que era la vida, pensó la señora mientras la miraba de esa forma que miran las madres cuando hablas de algo que no sabes pero que "ya sabrás".

-Muy bien, Grace, apoyemos nuestra vida en nosotros mismos, no le demos importancia al amor, que sólo sea algo que está ahí de paso, quitemosle la magia, la importancia, y aboquémonos en una sociedad en la que el amor romántico esta cada vez más desvirtuado, ¿No?

Ahora fue Grace quien la miró sonriendo y le dijo:

-Justo lo contrario, yo no quiero tener a mi lado a una persona que cimiente su vida en mí y tú tampoco deberías desearlo. Esa forma de "agarrar" a alguien y no querer que se vaya no hace que valores la presencia de esa persona, lo único que de verdad sientes es su ausencia y el miedo que te produce el perderlo.
Siguiendo con la metáfora de los edificios; el amor no debe ser los cimientos, debe ser el aire que entra por la ventana en un día de calor, la manta que te arropa en los días de frío, uno de los "médicos" que ayuda en tus problemas, la televisión que te hace desconectar del dolor.
"La otra persona" nunca debe ser tus cimientos, es aquello que te hace la vida un poco más llevadera, que te impulsa continuar, que te hace sonreír en tus días malos, con quien poder compartir tus alegrías.
Puede ser tu impulso, tu trampolín, tu aire fresco... La vida sin él sería algo más gris, pero no imposible; el edificio no se derrumbaría, sólo funcionaría un poco más lento durante unos días, semanas, meses, pero volvería a ser lo que fue.
Si sólo le das importancia a él, nunca serás tú, siempre estarás a su merced, harás lo que sea para que no se vaya, porque sabes que sin él todo tu edificio caerá abajo, y eso querida, no se llama amor, se llama dependencia. Pura y dura.
Si nos creemos medias naranjas a las que sólo nos completa otra media naranja es como si a nuestra persona le faltara un trozo para ser una persona completa y para poder ser feliz con alguien, debes ser justamente lo contrario, una persona ya "hecha", porque si no ¿Qué tendrías para compartir y ofrecer? Si tú aún no eres nadie, ¿De quién se va a enamorar él?

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