jueves, 2 de febrero de 2012

Blanco como la nieve



 
Notaba sus mejillas y nariz heladas, trató de refugiar su rostro en aquella bufanda negra y blanca a la que tanto cariño le tenía, frotó sus guantes blancos, uno contra otro, tratando de calentar las manos que se encontraban dentro.

El frío y sus pensamientos la hicieron resoplar y el aliento salió de sus rojos labios en forma de vaho.
Sus cabellos color chocolate contrastaban con su abrigo de color blanco...
Blanco, como la nieve.
Sus ojos verdes repasaron todo el camino que le quedaba por recorrer, mirando el blanco de la nieve como si en ella se encontraran, por fin, las respuestas a sus preguntas.
Se dió cuenta de que el camino que le quedaba por recorrer era blanco como un lienzo virgen, como las hojas de un libro sobre el que todavía no se había escrito ninguna historia y pensó que ahora mismo su vida era igual: un folio desnudo sobre el que escribir, un lienzo que esperaba a que ella dibujara la nueva historia de su vida en él.
Había roto con las cadenas de su pasado, había identificado todas aquellas sustancias tóxicas que la estaban corrompiendo y, por fin, las había expulsado de su interior.
Su vida ya no era como una ciudad en la que ya se habían hecho carreteras, se habían puesto semáforos y señales, una que estaba atestada de coches y personas.
La ciudad le encantaba, pero su vida ya no era un lugar en el que parecía que ya no quedara nada ni nadie por añadir e incluso que más bien sobraban cosas, como podía serlo una gran urbe.
Ahora su vida era un lugar inmenso e infinito como lo son el cielo o el mar, y aunque en algunos momentos sintiera algo de miedo, sabía que en ella residía la fuerza suficiente para afrontarlo y seguir adelante con el nuevo rumbo que había tomado su vida.
Sabía que habría momentos de soledad y frío interiores como los que estaba sintiendo ahora mismo en su exterior. Este pensamiento entristeció su rostro durante unos instantes, pero volvió a sonreír al observar el destino de aquel día: esa cabaña en la que relucía el fuego de la chimenea, alrededor de la cual se encontraban las personas que de verdad merecían su compañía, esas a las que de verdad quería abrazar y decirles: GRACIAS, pues Miss Destroyer tenía su corazoncito...

1 comentario:

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